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Un vaso de uso medicinal en el museo

DON BENITO
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vaso de madera de quino
Un vaso de madera de quino es la pieza del mes de mayo en el museo. Destaca por su sencillez. Se trata de un vaso de madera en  forma de cáliz con una sencilla talla en  el pie y la copa, tiene el borde muy fino por el desgaste del uso y presenta pequeñas incisiones.


Podría pasar a simple vista por un elemental utensilio domestico aunque su utilidad como exponemos a continuación es bien diferente.


Está fabricado en madera de Quino, que es el nombre genérico que reciben diversas especies (más de una veintena) de árboles originarios de América, pertenecientes al genero  Cinchona.  La chinchona officinalis es un árbol de 11 a 15 metros de alto con fuste cilíndrico de 30 a 40 centímetros de diámetro. Su madera es de color ligeramente rosado de  buena calidad para hacer tablas y muebles, es flexible e ideal para la ebanistería, y no se raja ni se descompone fácilmente a la intemperie.  La corteza externa es de color marrón oscuro con ligeras fisuras y pequeñas placas de forma irregular. De esta corteza se saca el polvo de quina que es un estimulante del apetito y excelente digestivo, y de la quina se  obtiene la quinina.


  La quinina es un alcaloide obtenido del polvo de quina y que en la actualidad tiene múltiples usos fuera de la medicina como era tradicional, empleándose en la industria química, óptica, fotografía,  metales y un largo etcétera.
  Desde el punto de vista médico que es el que nos interesa para contar la historia de vaso que presentamos, la quinina  es conocida por utilizarse para combatir la malaria.  Es una enfermedad que desde hace 50.000 años viene infectando al ser humano. Tenemos  referencias  a las peculiares fiebres ya en el año 2.700 a. C. en China.

El primer tratamiento eficaz como hemos dicha para controlar la enfermedad  fue la corteza del árbol Cinchona, el cual contiene el alcaloide quinina, que no se extrajo como ingrediente activo hasta 1820, aunque como producto natural era conocido y utilizado en algunas culturas precolombinas para controlar la malaria. Esta práctica fue introducida por los  jesuitas  en Europa  a lo largo del siglo XVII, siendo aceptada con rapidez.


La pieza de este mes es un bien patrimonial donde se puede leer todo lo expuesto. Depositada recientemente en el museo por Francisco García Gallego, no sabemos a quien perteneció ni quien la trajo seguramente ya fabricada desde América. El hecho de estar realizada en madera de Quino refuerza su eficacia para la cura de la malaria, ya que no solo sirvió como contenedor de la quinina que se administrara al enfermo  sino que cualquier líquido que contuviera tomaba el sabor de la  madera, incluso ahora como nos ha confirmado su dueño.

Un vaso de uso medicinal en el museo