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Un San Francisco de Juan Aparicio, pieza de octubre

DON BENITO
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Un San Francisco de Juan Aparicio, pieza de octubre
Varios artistas nacidos en Don Benito están representados por algunas de sus obras en el Museo y uno de ellos es Juan Aparicio Quintana, pintor del San Francisco seleccionado como pieza del mes de octubre.
Juan Aparicio nació en Don Benito en 1907 en el seno de una familia de pastores y  falleció en 1964. Sus orígenes humildes, tan alejados del mundo del arte, no pudieron con la  pasión que desde niño sintió por la pintura, pudiéndose canalizar gracias a la ayuda  ofrecida por dombenitenses notables que intuyeron sus dotes. Consiguió  una beca  de La Diputación Provincial de Badajoz, que compartió con el también extremeño y escultor Juan de Ávalos, para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, obteniendo en el curso 1926-27 Premio Extraordinario y Diploma por sus trabajos de dibujo artístico.
Ya de vuelta  a Don Benito, en la década de los años treinta, comenzó a trabajar como profesor de dibujo artístico, talla, modelado y carpintería en la Escuela de Artes y Oficios, demostrando  sus  múltiples aptitudes y dejando  huella en sus alumnos, algunos de ellos  futuros artistas como Antonio Cañamero, Antonio Reyes, Antonio Martín Romo Morales o Antonio Martín Romo  Sánchez entre otros.
El Aparicio pintor trata sobre todo el bodegón y el retrato, utilizando una paleta de colores oscuros demostrando excelentes dotes  para plasmar la calidad de las materias, y   representando a  hombres y  mujeres  curtidos y avejentados por el trabajo en el campo dentro del realismo y el costumbrismo.
Realizó múltiples encargos para particulares, actualmente en colecciones privadas repartidas por diferentes localidades de nuestra región. Esta circunstancia unida  a que su  legado personal aún no se haya podido estudiar y  exponer como se merece, dificulta una completa proyección y conocimiento del artista; sin embargo sí se puede disfrutar de sus lienzos colgados en el Museo de Bellas Artes de Badajoz y de las tablas del Retablo de la Iglesia de Santiago de Don Benito, copias realizadas tras la quema de los originales  durante la Guerra Civil.
En el tema de San Francisco rezando que presenta el Museo, Aparicio demuestra sus incuestionables dotes para las reproducciones. El original lo pintó Zurbarán en 1659 y  actualmente forma parte de la colección de Plácido Arango. Fue un tema recurrente para el pintor del barroco que realizó  abundantes óleos sobre el santo de los pobres, puesto que al llevar su mismo nombre le tuvo gran devoción. Este modelo presenta  semejanzas  a los lienzos franciscanos de la Nacional Galery de Londres y de la Pinacoteca de Munich.
Aparicio se enfrenta al gran maestro del barroco y consigue plasmar sus técnicas pictóricas: sus defectos y sus grandes logros. Utiliza las medidas del lienzo original, copiando  la figura del santo casi estatuario ocupando prácticamente toda la superficie de la tela, imitando fielmente  la torpeza compositiva, uno de los conocidos arcaísmos del pintor del XVII.
En el paisaje, dentro del pétreo conjunto, destaca la blancura y el azul de las nubes y el verde de las hojas, desmintiendo la injusta proclama de que el genio de Guadalupe no era un colorista. El santo aparece de rodillas con el semblante repetitivo y genérico de los ojos alzados y la boca semiabierta tan típicos de los rostros en éxtasis del pintor de Fuente de Cantos.
Juan Aparicio logra copiar la maestría de  Francisco de Zurbarán en el carácter plástico de la figura y en la captación de la calidad táctil del paño del hábito del santo. Consigue como en el original  que lo accesorio se convierta en sustancial tratando la materia de los bodegones como imágenes fotográficas en las  “vanitas” de la calavera y el libro, incluso el soporte de la firma del maestro,  una hoja de papel con los bordes ligeramente enrollados, lo adapta el pintor de Don Benito  a su propia rúbrica.

san francisco
Varios artistas nacidos en Don Benito están representados por algunas de sus obras en el Museo y uno de ellos es Juan Aparicio Quintana, pintor del San Francisco seleccionado como pieza del mes de octubre.

 


 

Juan Aparicio nació en Don Benito en 1907 en el seno de una familia de pastores y  falleció en 1964. Sus orígenes humildes, tan alejados del mundo del arte, no pudieron con la  pasión que desde niño sintió por la pintura, pudiéndose canalizar gracias a la ayuda  ofrecida por dombenitenses notables que intuyeron sus dotes. Consiguió  una beca  de La Diputación Provincial de Badajoz, que compartió con el también extremeño y escultor Juan de Ávalos, para estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid, obteniendo en el curso 1926-27 Premio Extraordinario y Diploma por sus trabajos de dibujo artístico.

Ya de vuelta  a Don Benito, en la década de los años treinta, comenzó a trabajar como profesor de dibujo artístico, talla, modelado y carpintería en la Escuela de Artes y Oficios, demostrando  sus  múltiples aptitudes y dejando  huella en sus alumnos, algunos de ellos  futuros artistas como Antonio Cañamero, Antonio Reyes, Antonio Martín Romo Morales o Antonio Martín Romo  Sánchez entre otros.

El Aparicio pintor trata sobre todo el bodegón y el retrato, utilizando una paleta de colores oscuros demostrando excelentes dotes  para plasmar la calidad de las materias, y   representando a  hombres y  mujeres  curtidos y avejentados por el trabajo en el campo dentro del realismo y el costumbrismo.Realizó múltiples encargos para particulares, actualmente en colecciones privadas repartidas por diferentes localidades de nuestra región. Esta circunstancia unida  a que su  legado personal aún no se haya podido estudiar y  exponer como se merece, dificulta una completa proyección y conocimiento del artista; sin embargo sí se puede disfrutar de sus lienzos colgados en el Museo de Bellas Artes de Badajoz y de las tablas del Retablo de la Iglesia de Santiago de Don Benito, copias realizadas tras la quema de los originales  durante la Guerra Civil.

En el tema de San Francisco rezando que presenta el Museo, Aparicio demuestra sus incuestionables dotes para las reproducciones. El original lo pintó Zurbarán en 1659 y  actualmente forma parte de la colección de Plácido Arango. Fue un tema recurrente para el pintor del barroco que realizó  abundantes óleos sobre el santo de los pobres, puesto que al llevar su mismo nombre le tuvo gran devoción. Este modelo presenta  semejanzas  a los lienzos franciscanos de la Nacional Galery de Londres y de la Pinacoteca de Munich.

Aparicio se enfrenta al gran maestro del barroco y consigue plasmar sus técnicas pictóricas: sus defectos y sus grandes logros. Utiliza las medidas del lienzo original, copiando  la figura del santo casi estatuario ocupando prácticamente toda la superficie de la tela, imitando fielmente  la torpeza compositiva, uno de los conocidos arcaísmos del pintor del XVII.

En el paisaje, dentro del pétreo conjunto, destaca la blancura y el azul de las nubes y el verde de las hojas, desmintiendo la injusta proclama de que el genio de Guadalupe no era un colorista. El santo aparece de rodillas con el semblante repetitivo y genérico de los ojos alzados y la boca semiabierta tan típicos de los rostros en éxtasis del pintor de Fuente de Cantos.

Juan Aparicio logra copiar la maestría de  Francisco de Zurbarán en el carácter plástico de la figura y en la captación de la calidad táctil del paño del hábito del santo. Consigue como en el original  que lo accesorio se convierta en sustancial tratando la materia de los bodegones como imágenes fotográficas en las  “vanitas” de la calavera y el libro, incluso el soporte de la firma del maestro,  una hoja de papel con los bordes ligeramente enrollados, lo adapta el pintor de Don Benito  a su propia rúbrica.

Un San Francisco de Juan Aparicio, pieza de octubre