Mensaje

Drama familiar en Don Benito por un posible desahucio

GENTE
Modificar el tamaño de letra:
Viven en un tercer piso de un bloque de viviendas de la calle República Argentina, en uno de los barrios de Don Benito más castigado por el desempleo. Son Constantino Gallego Marín, María del Carmen Nieto Chamizo y sus dos niños (una niña de 12 y el pequeño de 4 años). En un mes, su hogar puede dejar de ser su hogar, si el expediente de desahucio que ya está en el Juzgado, sigue su curso, como es habitual en estos casos, salvo que el acuerdo PP-PSOE lo remedie, junto a otros casos de la urgencia de éste.
Urgencia porque, a tenor de lo que nos explica este matrimonio, su situación es desesperada. Mari Carmen, que para colmo tiene una salud delicada y está pendiente de una operación, se dedica a las tareas de su casa y el único dinero que ha venido entrando en este hogar ha sido el de su marido cuando trabajaba en la construcción o de peón agrícola. Pero con la llegada de la crisis, Constantino se fue al paro. Fue hace cinco años. Después fueron sobreviviendo con algunos ahorros y la prestación por desempleo, hasta que poco a poco se agotó dicha prestación y hace ya tres años que en casa solo entran los 420 euros de la ayuda básica.
Esta familia tiene contraído con Caja Extremadura un préstamo hipotecario conforme al cual deben pagar una cuota mensual de unos 260 euros al mes. Con los gastos de luz, agua, impuestos, comida, etc, las cuentas no salen para satisfacer la hipoteca. La consecuencia de ese déficit son numerosos impagos de las cuotas del préstamo, los consiguientes avisos de la entidad bancaria y el posterior expediente de desahucio.
Según relata Constantino, hace dos semanas recibió una llamada telefónica advirtiendo de que si no satisfacía su deuda, le llegaría una carta del juzgado concediéndoles un mes antes de proceder al desahucio. “Me personé en el juzgado y efectivamente vi que tenían mi carta encima de la mesa, por lo que creo que llegará en unos días. Supliqué que lo retrasasen lo posible”.
“Mari Carmen no deja de llorar, sobre todo cuando ve los suicidios de algunas personas por casos como el nuestro –comenta el cabeza de familia- y yo me vengo abajo porque no me canso de llamar a puertas para trabajar y de enviar currículum, pero sin resultado alguno, porque no quiero ayudas, ni limosnas, sino trabajar. A la vez, no quiero dejar de pagar, pero no puedo satisfacer la mensualidad que me exigen, los 260 euros. Podría ser un importe inferior, acorde a los ingresos que tengo, unos 50 ó 60 euros al mes, hasta que mejore nuestra situación económica”.
Aunque los casos de desahucio se multiplican y problemas como el de Constantino y Mari Carmen están a la orden del día, Don Benito no deja de ser un pueblo grande o una pequeña ciudad y todo el mundo se conoce, o casi. Se puede decir, en este sentido, que los protagonistas de esta dramática historia han aparcado a un lado su miedo al ‘qué dirán’ y, armándose de una gran valentía, están dando a conocer su caso, esperando a la vez, no el rechazo de los vecinos, sino su comprensión y sensibilidad.
Comprensión y sensibilidad que muestran sus familiares, que les están echando una mano ofreciéndoles un plato y alguna que otra ayudilla más para sobrevivir. También lo hace Cáritas, ya que Constantino y su familia son beneficiarios de Acción Solidaria, el recurso de prestación de alimentos de esta organización en Don Benito. Ellos no se han callado.

matrimonio advertido de desahucio
Auténtico drama el que viven Constantino, su mujer Mari Carmen y sus dos pequeños. Apenas sobreviven con la ayuda básica de 420 euros, pero tienen una hipoteca de 260 euros.

 


 

Viven en un tercer piso de un bloque de viviendas de la calle República Argentina, en uno de los barrios de Don Benito más castigado por el desempleo. Son Constantino Gallego Marín, María del Carmen Nieto Chamizo y sus dos niños (una niña de 12 y el pequeño de 4 años).

En un mes, su hogar puede dejar de ser su hogar, si el expediente de desahucio que ya está en el Juzgado, sigue su curso, como es habitual en estos casos, salvo que el acuerdo político lo remedie, junto a otros casos de la urgencia de éste.

Urgencia porque, a tenor de lo que nos explica este matrimonio, su situación es desesperada. Mari Carmen, que para colmo tiene una salud delicada y está pendiente de una operación, se dedica a las tareas de su casa y el único dinero que ha venido entrando en este hogar ha sido el de su marido cuando trabajaba en la construcción o de peón agrícola. Pero con la llegada de la crisis, Constantino se fue al paro. Fue hace cinco años. Después fueron sobreviviendo con algunos ahorros y la prestación por desempleo, hasta que poco a poco se agotó dicha prestación y hace ya tres años que en casa solo entran los 420 euros de la ayuda básica.

Esta familia tiene contraído con Caja Rural de Extremadura (y no con Caja Extremadura como por error había informado a este medio la familia afectada) un préstamo hipotecario conforme al cual deben pagar una cuota mensual de unos 260 euros al mes. Con los gastos de luz, agua, impuestos, comida, etc, las cuentas no salen para satisfacer la hipoteca. La consecuencia de ese déficit son numerosos impagos de las cuotas del préstamo, los consiguientes avisos de la entidad bancaria y el posterior expediente de desahucio.

Según relata Constantino, hace dos semanas recibió una llamada telefónica advirtiendo de que si no satisfacía su deuda, le llegaría una carta del juzgado concediéndoles un mes antes de proceder al desahucio. “Me personé en el juzgado y efectivamente vi que tenían mi carta encima de la mesa, por lo que creo que llegará en unos días. Supliqué que lo retrasasen lo posible”.

“Mari Carmen no deja de llorar, sobre todo cuando ve los suicidios de algunas personas por casos como el nuestro –comenta el cabeza de familia- y yo me vengo abajo porque no me canso de llamar a puertas para trabajar y de enviar currículum, pero sin resultado alguno, porque no quiero ayudas, ni limosnas, sino trabajar. A la vez, no quiero dejar de pagar, pero no puedo satisfacer la mensualidad que me exigen, los 260 euros. Podría ser un importe inferior, acorde a los ingresos que tengo, unos 50 ó 60 euros al mes, hasta que mejore nuestra situación económica”.

Aunque los casos de desahucio se multiplican y problemas como el de Constantino y Mari Carmen están a la orden del día, Don Benito no deja de ser un pueblo grande o una pequeña ciudad y todo el mundo se conoce, o casi. Se puede decir, en este sentido, que los protagonistas de esta dramática historia han aparcado a un lado su miedo al ‘qué dirán’ y, armándose de una gran valentía, están dando a conocer su caso, esperando a la vez, no el rechazo de los vecinos, sino su comprensión y sensibilidad.

Comprensión y sensibilidad que muestran sus familiares, que les están echando una mano ofreciéndoles un plato y alguna que otra ayudilla más para sobrevivir. También lo hace Cáritas, ya que Constantino y su familia son beneficiarios de Acción Solidaria, el recurso de prestación de alimentos de esta organización en Don Benito. Ellos no se han callado.

Drama familiar en Don Benito por un posible desahucio