Aquellas baldosas artesanales de las casas antiguas
| DON BENITO |
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La pieza del mes de marzo en el museo etnográfico de Don Benito es el molde de fabricación de baldosas artesanales. Los moldes custodiados en el museo forman parte de la exposición de albañilería y pertenecieron al emblemático almacén de Gómez y González de La Plaza de España conocido popularmente como “El Hospicio,” ya desaparecido tras su compra y demolición en el año 2005.
Fue almacén de materiales para la construcción, fábrica de mosaicos y un teatro: “El Teatro del Hospicio”. Su nombre se debe a que fue construido en 1905 sobre un solar denominado del Hospicio o La Palma y que había pertenecido a la Iglesia hasta la desamortización de Mendizábal. El constructor fue Don Félix González Caballero, Don Benito (1871-1939), quien con dicha iniciativa consiguió que las mejores obras de teatro clásico representadas por las mejores compañías llegaran a la ciudad, así como los estrenos de las primeras películas de cine mudo ya que también funcionó como salón cinematográfico.
Formado como maestro de obras fue un hombre emprendedor que consiguió para nuestra ciudad grandes avances como el abastecimiento de agua potable a principios del siglo XX a través de La Sociedad de Aguas hoy desaparecida, o la introducción de la electricidad con la creación de un complejo hidroeléctrico harinero: “La fábrica del Arroyo del Campo”. Actualmente es un bello ejemplo del patrimonio industrial extremeño en riesgo de desaparición.
Centrándonos en su faceta de maestro de obras, construyó otras dos harineras y saltos de aguas, el segundo en 1921 para aumentar la producción y distribución de electricidad en un río tan lento como el Guadiana, así como numerosas viviendas para particulares. Para el suministro de tantas obras creó con la colaboración de su cuñado la empresa mencionada de Gómez y González con sede entonces en la calle Pozo nº 6.
En las escrituras para formalizar notarialmente la sociedad en 1902 se dice textualmente: “El objeto de la sociedad será la fabricación de baldosines de cemento en toda su extensión y los demás artículos que a ella son anejos”. En 1911 en otras escrituras para actualizar la sociedad se indica: “El objeto de la sociedad la fabricación y venta de losetas hidráulicas con destino a pavimentos y la venta de acero, cobre, zinc, hierro, maderas para construcción y demás artículos similares”. A lo largo de los tres primeros tercios del siglo XX fue “La Fábrica de Mosaicos” más importante de la provincia y el mayor almacén de suministros, diversificando con los años sus productos: materiales para saneamiento, electrodomésticos, pinturas, bazar etc.
Los moldes expuestos como pieza del mes servían para hacer las baldosas y baldosines. Daban forma a la pasta coloreada que se depositaba sobre la superficie de una masa de arena y cemento. Los colorantes mezclados con marmolina eran depositados con un cacito en cada uno de los compartimentos del molde, después se comprimían las baldosas de una en una en la prensa hidráulica que era accionada de forma manual por dos trabajadores. La empresa contaba con dos prensas y diariamente se fabricaban 6 metros de baldosas. Después del secado se abrillantaban con un cepillo de madera. Todo este proceso artesanal daba lugar a piezas de multitud de colores y formas para cubrir suelos y zócalos.
Algunas casas de nuestra ciudad, entre ellas la sede del museo, y de muchos de nuestros pueblos y ciudades construidas en la primera mitad del siglo XX, disponen aún de estos suelos fabricados por Gómez y González. Se crearon decenas de modelos diferentes ya que la moda del momento dictaba que fueran distintos en cada una de las habitaciones de las viviendas. El museo conserva los suelos originales de baldosas hidráulicas en 26 de sus estancias y 17 de ellos no son iguales.
Los moldes fueron donados al museo por José Gallego Palomero.
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